domingo, 3 de agosto de 2008

Desahogos a media noche de un domingo cualquiera.

Explicar con cuatro frases la sensación que lleva carcomiéndome esta útlima semana,me resulta difícil.Me he visto envuelta de egocéntricos enfermizos.Para simplificar mi sensación partiré de esta frase a favor de Nietzsche:
"El que niega su propia vanidad suele poseerla en forma tan brutal, que debe cerrar los ojos si no quiere despreciarse a sí mismo."
y concluiré con que prefiero la vanidad,a la maldita y snob premisa mental de los que poseen la insoportable falsa humildad.Esto sí que no.
Para purificarme de todas estas toxinas de las que mi ser está encogido y asustado,,cual gusano al que le quedan unos segundos de vida,escucharé uno de los temas que más me gustan de Morricone para que me transporte lejos de esta realidad ,tema que me activa en mi imaginación sensaciones contradictorias.Un tema que he escuchado un millar de veces.
Esta música me entristece pero me revitaliza por igual.Me atraviesa el alma.
Es como sentir nostalgia de algo que no ha pasado todavía,y que quizá nunca pasará.Pero en esto reside su encanto.
Me voy a volar.

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